Se conoce como entrenamiento de la cintura y se trata de moldear la figura del cuerpo para resaltar sus curvas hasta conseguir la forma de un reloj de arena.

Existen muchísimos tratamientos para lograr la conocida cintura de avispa, pero uno de los más populares en la actualidad es a base de los famosos waist trainers (fajas de entrenamiento estilo corset).

Este sistema se basa en colocar fajas muy ajustadas alrededor de la cintura durante largos períodos del día o mientras se hace ejercicio, con la esperanza de que cambie la figura del cuerpo. Si bien no hay estudios sobre los verdaderos beneficios de los corset, hay doctores que dudan de que el uso de una faja muy ajustada pueda cambiar la forma del cuerpo.

Los resultados que se pueden obtener dependen del tipo de cuerpo, músculo y cantidad de grasa que posea la persona, así como su capacidad natural de comprimir esta zona. De acuerdo a algunas páginas de internet, se debe pasar al menos 22 horas del día con ellos en la cintura. Pero su uso prolongado puede provocar problemas respiratorios, alteración de funciones digestivas, obstrucción del flujo sanguíneo o deformación muscular y torácica.

La popularidad de este tipo de corset ha ido creciendo, principalmente gracias a la exposición que les dan gente como Kim Kardashian y otras celebridades.

Se tiene la creencia de que al usarlas se puede reducir la cintura en tiempo récord, aunque también pueden ser muy peligrosas para la salud. Según expertos señalan que lo que pasa con su uso continuo es que se desplazan las costillas, por lo que la sensación es de una cintura más estrecha. A pesar de los riesgos que entraña esta práctica hay muchas mujeres que se atreven a usar las fajas reductoras.

El tema sobre sus beneficios o desventajas ha tomado vuelo en las redes sociales y en Instagram. Más de 400.000 personas han utilizado la etiqueta #waisttraining, que en castellano se refiere al entrenamiento de la cintura con el uso de una faja, para compartir sus experiencias.

Por el momento el uso del corset y las fajas no están regulados, por lo que la última palabra la tiene el consumidor.